Estoy escribiendo esto sabiendo que no lo puedo publicar, al menos no por ahora. Recién volvemos de vacaciones y si bien fueron hermosas, no logré descansar mucho. Y la falta de descanso no fue por culpa de Disney.  De hecho estar en Disney nos ayudó mucho a distraernos. Eso era lo que más necesitábamos: pensar en otra cosa.

¿Por qué pensar en otra cosa?

Unos 20 días antes de salir de vacaciones, se contactaron desde una empresa para ofrecerme un trabajo. La oferta era muy tentadora entonces empecé con el proceso. El día que salimos de vacaciones tuve la última entrevista técnica, solo faltaba entrevistarme con un cliente y casi que la cosa estaba. Hasta acá todo muy normal, con el pequeño detalle que aceptar el trabajo implica emigrar.

Emigrar es una palabra muy fuerte y decidir hacerlo es un proceso mental, física y emocionalmente agotador. ¿Adivinen dónde hicimos el proceso? Si, de vacaciones!

Demasiadas variables

Una vez que abrís esa caja y te pones a pensar, empiezan a surgir demasiadas cosas. No sólo relacionadas con lo material: ¿Qué nos llevamos?, sino con lo familiar: ¿Cómo le decimos a nuestros viejos?.

Las dudas brotan: ¿se vivirá bien allá? ¿Qué pasa si llegamos y no nos gusta ? ¿Nos acostumbraremos a hablar en otro idioma todo el tiempo?

Y los temas a resolver sobre lo cotidiano no se quedan atrás: ¿qué hacemos con el alquiler? ¿Cómo hacemos con el trabajo? ¿Realmente queremos dejar nuestros trabajos?

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Y así, cerveza en mano, en una reposera en Playa del Carmen, el cerebro iba abriendo consultas que no podía cerrar. ¿Me estoy quejando por pensar en esto estando panza arriba en un all inclusive en el caribe? Un poco, pero en esa parte de las  vacaciones necesitaba desconectar y claramente no lo hice. Tal vez pensar en estos temas mientras seguíamos con el trajín del día a día hubiese hecho que pensáramos sólo en lo indispensable… tal vez.

Cómo ir del aeropuerto de Cancún a Playa del Carmen

¿Vieron cuando la batería del celular les dura poco porque tenían una aplicación consumiendo energía en segundo plano? Bueno, eso. El proceso venía corriendo en background, pero venía chupando combustible cual motor V8. En cada pausa a tomar cerveza hablamos sobre el tema, cada cena en que Eli notaba que me iba era porque estaba pensando en el tema, y así todas las vacaciones.

La ayuda de Orlando

Por suerte la última parte del viaje tenía como destino Orlando. ¿De vuelta a Disney? SI ¿No te cansas de ir a Disney? No. Cuando llegamos a Disney dejamos nuestros problemas de adultos en la puerta. Decile magia, decile buen marketing, ponele el nombre que quieras: yo llego allá y soy feliz. Esta felicidad inducida (?) ayudó mucho a pensar menos en el tema. Nada mejor que un buen zarandeo en montaña rusa para acomodarte las ideas.

Los shoppings también ayudaron mucho a mantener la mente (y las tarjetas) ocupada. Pude sobrevivir a no ver el partido de Boca-River de la final de la Libertadores gracias al Premium Outlet y a la genia de Xime que me iba manteniendo informada.

La vuelta y la decisión

Digamos que volvimos con la decisión tomada, si salía la oferta la íbamos a aceptar. Al otro día de regresar tuve la última entrevista. Ese mismo día me avisaron que querían avanzar y que necesitaban referencias. Un kilombo conseguir las referencias de gente con la que trabajé en los últimos años. Además de tener que cumplir una serie de requisitos, el más importante para mi era que la persona pudiera enterarse que quería irme sin afectar mi labor actual. Por suerte dos emigrados se pusieron la 10 y me ayudaron. Por si llegan a leer esto: Gracias Gabi y Pao, me salvaron!

Ya con referencias en mano, las mandé  y a las horas me enviaron la propuesta y el contrato. Sin mucho pensar lo firmé! Ya había hecho el proceso antes, es ahora o nunca. Y así me agarra escribiendo esto, con un contrato firmado, sin creer que esta gente me quiere a mí por sobre toda la gente capaz de hacer mi laburo y deseando que no se despierten un día dándose cuenta que cometieron un error.

Faltan los papeles, pero la decisión está: nos vamos del país! Verán este post publicado cuando ya pueda hacerlo público. Mientras tanto la vida sigue igual: trabajamos mucho, descansamos poco y cuando nadie nos ve:

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