Como les comentamos en la etapa anterior, finalmente llegamos a Orlando.

Bajamos del avión y el protagonismo de los nervios pasó de Disney a Migraciones, y no porque nos diera miedo migraciones en general, sino porque cuando hice la Visa mis dedos no querían colaborar con la maquinita de las huellas digitales y en el aeropuerto vi que le ponían mala cara a la gente que no le tomaba bien la huella.

Luego de 5 minutos de espera llegó nuestro turno, tomé aire y nos dirigimos a la ventanilla, me hicieron apoyar un dedo en el lector, después otro y otro y otro más hasta que finalmente me selló el pasaporte 😀 y yo dejé de transpirar. A mi novio con una sola “leída de dedo” le alcanzó. Luego Aduana, donde nos trataron muy bien y por último a buscar los bolsos.

 

Nos hicieron tomar un tren dentro del mismo aeropuerto para llegar a la terminal principal, ahí medio que nos perdimos pero pidiendo indicaciones llegamos sin problemas al mostrador de Disney Magical Express y la magia comenzó ahí mismo. La amabilidad de los empleados es increíble. Mostramos el papel con nuestra reserva y nos mandaron a una de las tantas filas.

A los 10 minutos ya estábamos arriba del bus que nos llevaría al hotel. El día estaba gris y lluvioso, pero no nos importaba nada! Luego de una media hora de viaje entramos a las tierras mágicas. El bus paró primero en otro hotel (el de la fotos, Coronado Springs) y de ahí al All Star Music donde nos quedaríamos por toda la estadía.