La noche anterior habíamos terminado tarde, comiendo Mac And Cheesse en Sarita’s, y amanecimos nuestro tercer día en la gran manzana quedándonos dormidos y sin planificar itinerario ( que desastre!!). Decidimos ir por otro ícono de NY: La Estatua de la Libertad. 

Nos despertamos más tontos que de costumbre, la mezcla de cansancio y felicidad invadía nuestras caras mientras le entrábamos a unos Bagels con queso crema en el hotel. Debo admitir que, si bien la planificación general estaba hecha, no me preocupé por planificar día por día lo que haríamos en NY, luego de los cronogramas y Fast Pass de Disney Nueva York era la parte espontánea de nuestras vacaciones.

Agarramos los recorridos que teníamos armados y decidimos hacer Downtown y Estatua de la Libertad. Habíamos comprado la NY Explorer Pass de 7 atracciones y entre ellas podíamos elegir el ferry a la Estatua. Nos tomamos el metro hasta la estación Bowling Green y de allí caminamos hasta el Battery Park. En la sección de las boleterías fuimos con nuestro “Papelito” de la NY Explorer Pass y nadie sabía como canjearlo (empezaba a crecer el pánico). Hasta que dimos con alguien que nos comentó que teníamos que canjear ese papel con la gente que estaba en la salida del subte.

Volvimos hasta la estación de subte, mostramos el papel a 2 personas distintas y nos mandaron al Starbucks que está en frente porque la persona encargada tenía tanto frío que había ido a refugiarse allí. A todo esto ya había pasado casi una hora desde que salimos del hotel, el día pintaba complicado. El solcito estaba hermoso pero el viento que venía del río estaba helado!

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Al llegar nos menciona que ese papel no nos sirve, que lo tenemos que canjear por otro en 2 locaciones posibles: oficina de Times Square o una frente al City Hall. Así que nuevamente al subte y 2 estaciones hasta el City Hall.  Esto es lo peor que tiene la tarjeta, en ningún lado del mail que te envían te avisan que tenes que canjear ese voucher antes de poder usarla.

 

Canjeamos el bendito voucher y volvimos en subte, de allí al starbucks y finalmente con los tickets en mano a subirnos al ferry! Nuestra idea era estar volviendo de la Estatua a las 12 para almorzar por downtown y seguir recorriendo, pero con todo el kilombo del voucher perdimos casi toda la mañana y a las 12 nos estábamos subiendo al Ferry.

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El frío que pasamos ahí arriba no tiene nombre, sacamos algunas fotos del Downtown y bajamos al interior del ferry para no congelarnos. Al llegar a la isla buscamos la audio guías que teníamos incluida con el ferry y nos pusimos a caminar escuchando algunas de las paradas.

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No pagamos para subir a la corona de Lady Liberty y no nos arrepentimos. Hacía muuuuucho frío, al punto tal que me saqué los guantes para sacar una foto y se me quedó la mano agarrotada del frío. Fotos obligadas con la Estatua de fondo y seguimos camino. Casi llegando nuevamente al Ferry nos encontramos un celular, lo dejamos en “Lost and Found” y aprovechamos para chusmear que onda la comida en la Isla. No nos llamó la atención nada y decidimos pegar la vuelta.

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Enganchamos justo el ferry y ni nos gastamos en salir a la terraza a chupar frío. La siguiente parada era Ellis Island, famosa por ser el lugar de llegada de los inmigrantes. Haber estado un ratito calentitos hizo que nos bajara una fiaca importante y decidimos dejar la famosa Isla para otra visita.

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Volvimos a Manhattan muertos de frío y hambre, necesitábamos comer algo para juntar fuerzas para seguir recorriendo.

¿Les soy sincera? No me impactó para nada la Estatua de la Libertad, me decepcionó, me la esperaba más imponente, más grande. Tal vez con otro clima más amigable pueda disfrutarla más, pero bajo esas condiciones no me pareció que valiera la pena morirse de frío por verla. Pero como siempre decimos: ¡¿Quién nos quita lo viajado?!