Veníamos de perder casi toda la mañana con los benditos vouchers y muertos de frío después de la visita a la Estatua de la Libertad. Con más hambre que el Chavo continuábamos nuestro recorrido por el Downtown.

Llegamos al Battery Park y volvimos al starbucks a hacer una parada técnica (baño + internet) y ahí encontré que a pocas cuadras, en la Ground Zero Zone, había un bar donde se comía una de las mejores hamburguesas de Nueva York, claramente decidimos que allí almorzaríamos.

Encaramos para la zona donde estaban las torres gemelas. El restaurant, Bill’s Bar & Burger estaba conectado al Marriot. Pedimos la hamburguesa que prometía ser una de las mejores de Nueva York: la Fat Cat con cebollas caramelizadas. El asunto quedó en solo promesas, mil veces me quedo con una de Five Guys.

Mientras almorzamos debatimos bastante sobre si visitar el museo de la Zona Cero, Eli no quería y yo no me moría de ganas. Acordamos que decidíamos en la puerta.

Salimos llenitos y contentos, la zona estaba en plena construcción y las calles valladas. Agarramos por una calle para ir a la entrada del Museo y ahí nos aparecieron tres policías diciendo que por ahí no se podía caminar, que teníamos que dar un vueltononon (cómo dirían los cordobeses) como de 3 cuadras, allí nos miramos y decidimos no ir al museo.

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Caminamos hasta la calle Broadway donde nos encontramos con la Trinity Church. Esta iglesia fue construida en 1846 y tiene adjunto un patio con un cementerio en donde se encuentran enterrados algunos personajes importantes de la historia Norteamericana como Alexander Hamilton y Robert Fulton.

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El estilo gótico que tiene la iglesia nos encantó y queda muy bien el contraste de esta construcción con el resto de los edificios de la zona.

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Seguimos hasta la Bolsa de New York en la famosa Wall Street disfrutando del paisaje de la zona. Desde ahí volvimos a Broadway y bajamos hasta el famoso Charging Bull. Hicimos fila (corta 3 personas adelante, sino ni) para la foto con el toro dorado y luego la foto de la suerte: hay que tocarle las bolas al toro!

Desde la estación Bowling Green volvimos hacia el norte para ir a la Grand Central Station. ¿Qué decir de este lugar? Entrar en ese hall principal tan famoso, que tantas veces vimos en series y películas y poder apreciar con nuestros ojos esas clásicas postales nos encantó.

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Las fotos salieron muy raras, el frío del día y los cambios de temperatura causaron que el lente se llenara de vapor. Lamentablemente esa situación se mantuvo durante los días siguientes y tuvimos que recurrir aún más a la cámara del celular.

 

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Nos pasamos horas recorriendo los túneles y pasillos de la grand Central Station. Nos sorprendió la variedad de locales que podes encontrar, todo lo necesario para la gente que está de pasada en Manhattan pueda comprar lo que necesite antes de volver a su casa: desde ópticas a lugares que arreglan ropa, pasando por joyerías y mercados de comida. El mercado nos dejó helados, increíble la cantidad de cosas que hay! Carnes, verduras, fiambres italianos, condimentos varios, en fin, una locura.

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Terminamos viendo los chiches del Mac Store y emprendimos la vuelta para el hotel. La noche cae muy temprano en NY en invierno y habíamos pasado mucho frío durante el día. Por suerte el camino al hotel fue cortito, de pasada cargamos unos Burritos to go en el Chipotle debajo del Empire State y a comer en la habitación.

Al otro día nos teníamos que levantar muy temprano y había que descansar: se viene Boston!