Antes de empezar con el relato en sí, les cuento como surgió todo el tema de realizar el viaje. La verdad es que no venimos de familias adineradas, por lo que nos criamos sabiendo que todo se logra a pulmón y que muchas veces todo no se puede. Teniendo eso en cuenta, nunca habíamos ido a Disney, solo salimos del país por primera vez juntos hacía un par de años que nos tomamos una semana en Brasil.

Se imaginarán que la idea de hacer el viaje que terminamos haciendo nos parecía una locura y nos generaba (más que nada a mi) una ansiedad y una locura que ni les cuento.

Sacamos números, muchos números, planillas con gastos fijos, con sueldos, gastos varios, etc etc y después de mucho presupuestar llegamos a la bella conclusión: PODÍAMOS viajar!!! y así empezamos la etapa del tramiterío (La VISA).

Sacar la visa para entrar a Estados Unidos es un trámite que lleva su tiempo, primero hay que completar los formularios on-line, luego ir al CAS (Centro de Atención al Solicitante) y por último a la embajada.

La preparación es importante porque uno busca todo papel, certificado y demás que demuestre que solo se quiere ir por vacaciones y que vamos a volver a continuar con nuestras vidas. Pero más nos complicó el hecho de no poder ir con nada de nada a la embajada, para los que tienen auto excelente, pero, para el resto de los mortales que andamos en colectivo, se complica un poco salir solo con una carpeta con papeles y las llaves de la casa.

Por suerte entramos a la embajada, nos atendieron, 10 preguntas, 5 minutos y VISA APROBADA!

Ya con la seguridad de la visa aprobada, cerramos el tema de los pasajes y paquete. Compramos todo junto por una agencia de viajes y salió todo espectacular como ya van a leer.

Así empezamos a soñar…